19. Pan blanco

Lo hemos dicho antes y lo volveremos a decir: el pan blanco, empapado de mantequilla, ¡es divino! Sin embargo, no es ideal para nuestro apetito.
El pan blanco se elabora con harina blanca refinada, es decir, harina que ha sido procesada para eliminar el salvado y el germen de trigo. El salvado y el germen de trigo se conservan durante el proceso de molienda para crear la harina de trigo integral que se utiliza para hacer el pan integral, de ahí el nombre de trigo integral o pan integral.
El problema del pan blanco es que no contiene salvado complejo ni germen de trigo, que tardan más en digerirse, y por tanto es digerido muy rápidamente por el organismo. Todos los tipos de pan contienen carbohidratos, y los carbohidratos se descomponen en azúcares.
Estos azúcares se liberan en el torrente sanguíneo, inundando la sangre de azúcar y dándonos energía inmediata. Pero lo que sube tiene que bajar, y estos azúcares se procesan con demasiada rapidez y nuestros niveles de energía caen rápidamente, lo que nos hace desear más azúcar y sentir hambre. Cuando el antojo de tostadas y mantequilla nos invada, es mejor optar por el pan integral, que nos mantiene saciados durante más tiempo. Lo mismo ocurre con la pasta integral frente a la pasta blanca.











